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Enfermedades y desguaces: ¿Gajes del oficio?


Desguace

Aproximadamente cada año mueren unos dos millones de personas por culpa de los accidentes en el entorno laboral y las denominadas enfermedades profesionales, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
 
A estos dramas humanos hay que sumar que los costes económicos derivados de dichos accidentes y de las enfermedades suponen pérdidas de alrededor del 4% del PIB mundial. 
 
Por sectores, el de la construcción y el de la industria se sitúan en los primeros puestos.
 
Ahora bien, ¿y los desguaces? ¿Están los desguaces exentos de este tipo de problemas?
 
En Desguaces.net somos conscientes de la amplitud e importancia del tema. Y si ya comenzamos a prestar atención a la seguridad laboral,  a los riesgos y accidentes más frecuentes en este tipo de negocio, ahora el foco de atención recae sobre las enfermedades que pueden acabar padeciendo los trabajadores de un desguace.
 
No debemos olvidar que, entre otras cuestiones, esta industria trabaja manejando residuos que no dejan de ser productos, materiales u objetos en los que no siempre se conoce su composición y, por tanto, su peligrosidad.

De hecho, según algunos estudios, la tasa de enfermedad es un 50% más elevada entre aquellos trabajadores que tratan con desechos.
 
Entre los más tóxicos y peligrosos están: los  aceites usados de motor, los líquidos refrigerantes y de frenos, los catalizadores, los filtros usados, pinturas, lacas, esmaltes, gasóleos y derivados, baterías, zapatas de frenos, tubos fluorescentes, trapos impregnados, etc.
 
Lo son porque están compuestos por elementos químicos cuyo contacto o inhalación puede ser tóxica para el organismo.
 
Un dato: según la OIT, las sustancias peligrosas matan alrededor de 340.000 trabajadores cada año. Buena parte de la culpa, como veremos la tiene el amianto, un viejo conocido de los desguaces.
 
Si hiciéramos un esquema general, las enfermedades cardiacas, las músculo-esqueléticas, las respiratorias y el cáncer, supondrían mucho más de la mitad de los casos cuantificados.
 
Pero que nadie se alarme o se asuste. Las políticas que se han ido implantando en España, al igual que en Europa, han conseguido reducir los números y, por consiguiente, el rostro humano de las enfermedades. La prevención y la prohibición de algunos productos peligrosos ha sido clave.
 
Por eso, comenzaremos por las enfermedades más generales y leves. Las que comparten los desguaces con otro tipo de industrias.
 

“Doctor me duele la espalda”

 
El dolor de espalda es uno de los casos más frecuentes que ve pasar cualquier consulta médica. A esta dolencia le siguen otro tipo de molestias relacionadas con alguna extremidad, así como estrés, cefaleas y alteraciones en la visión o fatiga visual.
 
Pueden dividirse en dos grandes grupos:
 
  1. Trastornos músculo-esqueléticos.
  2. Dermatosis profesionales.
 
Respecto al primer grupo, tiene bastante incidencia en el sector del desguace. Hay que tener en cuenta que hablamos de trabajos que requieren de esfuerzos importantes y una mala postura o un mal movimiento pueden acabar derivando, con el tiempo, en lesiones en los músculos, tendones y nervios.
 
Las manos, muñecas, codos, hombros, rodillas y pies suelen ser las partes del cuerpo más afectadas.

Entre los síntomas destacan:
 
  • Pérdida de sensibilidad.
  • Sensación de hormigueo en brazos y manos.
  • Dolor en músculos y articulaciones.
 
En el trabajo, los factores de riesgo son:
 
  • Cargas.
  • Malas posturas.
  • Movimientos repetitivos.
  • Fatiga.
 
Las alteraciones cutáneas también pueden aparecer entre los trabajadores del desguace, aunque suelen ir bien equipados con guantes y otros tipos de protección.
 
Ácidos, alcalinos, aluminio, cromo, cadmio, óxido, cobre… Son algunos de los agentes químicos que se pueden encontrar en los componentes o piezas que conforman un vehículo y cuyo contacto puede provocar irritaciones o infecciones en la piel.
 

Asma ocupacional

 
Pero no sólo alteraciones cutáneas pueden ocasionar los elementos tóxicos. Algunos estudios señalan que el asma se ha convertido en la enfermedad laboral más común en los países con grandes industrias.
 
Se estima que entre un 2% y un 15% de todos los tipos de asmas puede tener este origen y es importante resaltar que la mayor parte de los trabajadores diagnosticados no habían padecido asma infantil.
 
Es decir, que la enfermedad depende del periodo de latencia desde el comienzo de la exposición, del agente químico o tóxico y del grado de dicha exposición.
 
El 50% de los pacientes desarrollan los síntomas en los dos primeros años de exposición.

Es importante recordar que esta enfermedad presenta un periodo de latencia asintomático que va de los dos a los cinco años, aunque existen pocos estudios sobre el empeoramiento de los síntomas en pacientes que ya habían padecido asma con anterioridad.
 
Dentro del asma ocupacional en sentido general podemos encontrar otro tipo de enfermedades respiratorias como:
 
  • El síndrome de disfunción reactiva de las vías aéreas: la exposición e inhalación accidental, pero muy frecuente, de tóxicos puede provocar la irritación de los bronquios hasta llegar a destruir el denominado epitelio bronquial.  Dos de sus características más importantes son: la rapidez de aparición de los síntomas y la ausencia de un mecanismo de defensa en el cuerpo para combatirlo.
 
  • Asma de los trabajadores en contacto con el aluminio: La causa de esta enfermedad es la inhalación de humo que contiene gases fluorados, SO2 y ácido fluorhídrico.
 
  • Siderosis: La conocida como enfermedad del hierro puede provocar fibrosis pulmonar y alteraciones en la función respiratoria.
 
Al manipular estos dos tipos de metales, reconvertidos más tarde en chatarra, los trabajadores del desguace se encuentran dentro del grupo de profesionales en riesgo de padecer este tipo de enfermedades respiratorias.
 

Una posible espada de Damocles: El cáncer

 
Baterías, laminados de cromo, catalizadores… Si bien lo que una ensambla, la otra desensambla, la industria de la automoción y la del desguace comparten componentes y, por tanto, también los riesgos inherentes a éstos.
 
El peligro que supone la exposición a determinados elementos o piezas con potenciales agentes cancerígenos en el lugar del trabajo está entre las primeras causas a la hora de desarrollar cáncer de pulmón.
 
Y si hay un producto químico al que prestar atención ése es, sin duda, el arbesto, también llamado amianto.
Como hemos dicho antes, se trata un viejo y peligrosísimo conocido de los trabajadores de desguace, sobre todo de buques.
 

Entre el pasado y el presente: el amianto

 
Pulmones amianto
Seguro que a más de uno y de una le sonará la palabra amianto. Pero ¿qué es exactamente eso del amianto y por qué es tan peligroso?
 
Lo primero que hay que decir es que el arbesto, el amianto, es un grupo de minerales muy complejos y fibrosos. Para los que llevan un químico en su interior, basta decir que están compuestos de silicatos de cadena doble. Para los que no, comentar que las fibras que conforman este tipo de minerales no sólo son complejas y tóxicas, sino que se encuentran entrelazadas y resisten las altas temperaturas.
 

Si no fuera por su toxicidad, el arbesto sería un producto con muchas posibilidades. De hecho, se ha usado a la hora de elaborar una gran cantidad de productos para construcción (tejas, baldosas…), textiles termo-resistentes, envases, pinturas…
 
Su vinculación con el desguace viene por su presencia en determinados productos de fricción como los frenos, el embrague y la transmisión.
 
Afortunadamente, los organismos médicos internacionales determinaron su relación con el cáncer y se prohibió su uso.
 
Seguro que muchos dirán: “Si está prohibido, no hay problema”.

Lo cierto es que sí lo hay. Si bien su uso está prohibido en los países desarrollados desde hace décadas, no sucede lo mismo con muchos países pobres o menos desarrollados.

Sin olvidar que en el propio mundo desarrollado:

a) Todavía muchos vehículos de más de 15 años siguen entrando en los desguaces, con el consiguiente riesgo para los trabajadores que manipulan determinadas piezas o componentes.

Y si no atención a este caso recogido en el manual informativo sobre enfermedades profesionales del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) de 2008:

El Sr. J realiza actividades de reparación y desguace de máquinas y vagones que tienen amianto en zapatas de frenos, depósitos de agua y revestimientos de tuberías.

Tiempo después de su jubilación se le diagnostica un mesotelioma pleural producido por la inhalación de polvo de amianto (asbesto) durante los trabajos de desmontaje y demolición de instalaciones que contienen este material. Se le reconoce una Enfermedad Profesional, pues una de las características de este tipo de dolencias es que pueden estar latentes durante años y desarrollarse cuando ya ha finalizado la prestación de servicios.
 
b) El amianto sigue teniendo una fuerte presencia en el sector naval, afectando tanto a la construcción como al desguace, sobre todo de buques.

En la actualidad, es en el sur del continente asiático (India, Bangladesh y Paquistán) donde se concentra más del 90% de las operaciones de desguaces de buques. Las condiciones son pésimas.

En algunos lugares un tercio de la plantilla la forman niños y alrededor del 16% de sus trabajadores sufren asbestosis, con gran riesgo de padecer cáncer de pulmón.

Las instalaciones “verdes”, entre las que están las europeas, encuentran gran dificultad para situarse en el mercado porque no pueden ofrecer precios tan bajos por el tratamiento de la chatarra.

Además, los diferentes estudios sobre el impacto del amianto en el desguace de buques se centran solo en la prevención y no tratan aspectos como la compensación que deberían recibir las personas que viven con dichas enfermedades.

En todo caso, en la mayoría de los países, también en España, al ser considerado el amianto un agente cancerígeno, se han elaborado una serie de disposiciones legales que regulan los usos de este material y las condiciones en que debe manipularse, tanto en su instalación como en su desguace y almacenamiento.
 
Por lo que respecta a las enfermedades o patologías derivadas de la inhalación y exposición al amianto, hay que decir que son múltiples y variadas, como el propio producto.
 
La peligrosidad del amianto radica en el hecho de que las fibras que lo componen, y que son tan resistentes y tóxicas, se respiren y acaben depositándose en vías respiratorias hasta llegar a los pulmones.
 
No obstante, hay que señalar que existen enfermedades más benignas que otras.
 
1. Alteraciones pleurales (la pleura permite la expansión y contracción del pulmón) benignas:
 
  • Placas pleurales
  • Derrame pleural: Es la dolencia por amianto más frecuente en los 20 años siguientes al comienzo de la exposición
  • Atelectasia redonda o síndrome de Blesowski. Una zona del pulmón queda atrapada por el engrosamiento de la pleura
  • Asbestosis: Es una forma de fibrosis que afecta a los dos pulmones
 
2. Enfermedades pleurales malignas
 
mesotelioma
  • Mesotelioma: Es un tumor relativamente infrecuente. En Europa, por ejemplo, aparece un caso cada 5 años, en personas con edades comprendidas entre los 50 y los 70 años, sobre todo hombres.
 
Solo en los estadios iniciales puede plantearse la cirugía. Ni la quimioterapia ni la radioterapia funcionan. Las medidas, en general, no pueden ser más que paliativas, para controlar el dolor.
 
  • Cáncer de pulmón
 

Enfermedad profesional y prevención

 
Para calificar una enfermedad como profesional lo primero es acudir a los Servicios Médicos de la Mutua o entidad que tenga contratada la empresa. Una vez allí, se aceptará o no la petición. Si se acepta un médico de trabajo determinará si dicha dolencia es consecuencia del trabajo realizado.
 
Sea como sea, la prevención y la seguridad resultan fundamentales para prevenir cualquier enfermedad, y requiere la participación de empresas, trabajadores y gobiernos.
 
Y es que como apunta la OIT, ni los accidentes ni las enfermedades son, ni deberían ser “gajes del oficio”.

Fuente imágenes: Wikipedia | SEPAR


 
 



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